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9 abr 2015

Ilustración~Revista "Corazonadas" ICICOR. Nº 15



SOLEDAD
Vicente solucionaba buena parte de sus enfermedades en la consulta del médico de cabecera y, en su ausencia, la mediadora era la enfermera. Y no precisamente con tratamientos al uso. Lo suyo era que le escuchasen. No pasaba semana sin que recalase en el dispensario. La excusa podía ser, desde pedir una receta, solicitar cita con un especialista, o reclamar que le tomaran la tensión, porque llevaba una semana con fuertes dolores de cabeza.
Resuelto el trámite, el facultativo, que lo conocía de toda la vida, preguntaba, ¿y por lo demás?.  Entonces la sala se transformaba en una especie de confesionario y Vicente narraba el mal que le causaba todos su malestares. Estaba solo. Viudo, con hijos lejos y con amigos que ya no salían de casa por la edad. Se creó enemigos ficticios. Se inventó que le tenían intervenido el teléfono y, hasta, sugirió que le seguían por la calle. Pasó de hipocondriaco a paranoico.
Eso sí, salía del Centro de Salud en paz. No sé que consejos recibía y si el sanitario reprobaba o corroboraba su conducta.
Cuando su médico se jubiló. Vicente dejó de acudir al Centro de Salud. En las tertulias en el Casino, el veterano facultativo contó que, en una ocasión,  le preguntó a su paciente por qué se sentía perseguido; a lo que le respondió que a estas alturas de la vida era mucho más benefactor pensar que alguien vigilaba sus pasos, que sentirse solo. Era su única compañía.



Texto de Paco Alcántara


11 abr 2013

Ilustración~Revista "Corazonadas" ICICOR. Nº10





Las palabras del corazón
Los alumnos que acudían a una escuela de escritores decidieron que la palabra más bella en castellano era recordar. Procede del latín “cordis” y, si buscamos su etimología, quiere decir: volver a pasar por el corazón. Es una explicación generosa, porque nos sugiere que la memoria está en nuestro corazón y no en la mente. Hasta sus entrañas nos acercamos para hurgar y traer al presente a aquellos que partieron y que viven en nosotros. Recordar es algo así como despertar. De hecho, en algunas zonas rurales aún se puede escuchar “me recordé sudando”, refiriéndose a cuando alguien se despierta, intranquilo, a media noche.
Aún hoy, casi sin quererlo, determinamos nuestra vida por el estado de este órgano que, como el pensamiento, no descansa nunca. Se nos parte el corazón cuando estamos tristes; si algo nos conmueve, nos toca el corazón. También suponemos que el corazón del codicioso nunca tiene reposo, nadie duda de que el corazón que siempre ama permanezca joven, hacemos de tripas corazón cuando algo sale mal y estamos convencidos que las palabras del alma proceden del corazón.
No es extraño escuchar “me saltó el corazón” o “el corazón se me sale por la garganta”. No le falta razón a quien da este sentido saltador al corazón, debido a los esfuerzos que realizamos o las emociones que vivimos. Porque si los romanos llamaron al corazón “cordis”, fue porque se formó a partir del griego “kardia”. A su vez, el vocablo griego provenía de la raíz prehistórica indoeuropea “kerd”, que significa “saltar”.
Saltamos de kerd, kardia, cordis, corazón y alcanzamos cordial y concordia. Aunque nada mejor que finalizar con un acuerdo, porque arranca del corazón y significa armonía entre las partes .

26 mar 2013

Ilustración~Revista "Corazonadas" ICICOR. Nº9

DECISIONES MUY PERSONALES
Así, de súbito, le planteé al cardiólogo una pregunta inquietante, ¿con tantos cuidados personalizados, hasta donde se puede vivir?, porque tengo la sensación de que los  descubrimientos científicos no tienen límites; máxime, ahora, cuando se producen tantos avances en cómo retrasar el envejecimiento del cuerpo, inyectando células madre, o creando un corazón artificial. ¿Llegaremos a ser inmortales?
Mi médico dejó de mirar al ordenador y respondió: por el  bien de la humanidad, espero que no seamos capaces de  alargarla demasiado, el camino no es prolongar más la vida,  sino mejorar la calidad de vida de las personas. Salí de la consulta aturdido. Convencido de que nos han  enseñado a vivir, pero no a morir. La muerte continúa siendo  un asunto tabú.  Respiré hondo y recordé una pregunta que me costaba  responder, “si hubiese un hombre que no pudiese morir, si  fuera real la leyenda del judío errante, ¿cómo habríamos de titubear en declararlo el más infeliz de todos?”.
Mi mujer había tenido una vida plácida hasta que cayó  enferma. Ahora se encontraba en una cama, anclada a un  sin fin de sondas, tubos y cables. Llevaba en coma irreversible varios días.  Saqué de un cajón la carpeta donde aguardamos el documento de Últimas Voluntades. Juntos firmamos los papeles  hace tiempo. No queríamos que alargasen nuestra vida si padecíamos una enfermedad irreversible, que nos llevase a un  estado que nos impidiera expresarnos por nosotros mismos. Con el papel en la mano, me dirigí al hospital, abstraído con un solo pensamiento y una media sonrisa, convencido de que siempre me quedarían sus recuerdos.

20 ago 2012

Revista "Corazonadas" ICICOR. 3 Ilustraciones

Infografía  de Estenosis Aórtica

Recreación de ADN
Sobre la investigación de los factores genéticos en el desarrollo de la Estenosis Aórtica


 Ilustración para el relato "Alma, corazón y vida" 
Doctor, me duele el corazón. El galeno le miró por encima
de sus gafas, tragó saliva y se recostó en el sillón.
Pues lo suyo es singular, inaudito. Un caso único, enfatizó
el cardiólogo. Cuente, cuente…, su patología es digna de
fi gurar en los mejores manuales de la ciencia. El paciente
se sintió aliviado ante tanta compresión médica.
Pues verá, apenas respiro, tengo sudores fríos, los brazos
y las piernas apenas me responden, los objetos se me
caen de las manos y me canso al caminar. El doctor tomaba
nota y le pedía que le explicase, con detalle, cada uno
de los síntomas que iba detallando su interlocutor.
Explíquese, ¿también nota que el corazón le late muy deprisa?”…
¡Sí, así es!, como si fuera a salirse de la caja torácica.
¿Qué me dice del apetito?, ¿ha dejado de comer? Eso es lo
peor, doctor, no tengo nada de hambre, dejo el plato sin tocar
y me tumbo en el sofá con una profunda sensación de ahogo.
Imagino que también pasa las noches en blanco, señaló
el facultativo, mirándole fi jamente a los ojos. Así es, no
concilio el sueño desde hace días. Cuento las horas hasta el
amanecer, mientras escucho el latido de mi corazón. Además,
noto que la sangre se arrastra por las venas y le cuesta
llegar al corazón. ¡Caramba, eso sí que es novedoso! Siente,
algo como que la máquina de bombear no tiene gasolina.
No lo podía defi nir mejor, mi querido doctor, así me
siento, languideciente. Además, supongo que este cuadro
clínico que me ha descrito, le ha arrastrado a una profunda
tristeza. ¡Mecahis!, me está leyendo todos mis males. ¿No
dijo que mi caso era una rareza?
Y lo es para un cardiólogo, amigo. Aún no me contó
cuando le dijo su mujer que se iba de casa. 
de Paco Alcántara

22 abr 2012

Hoy... ¡¡¡ Día de la Madre Tierra !!!


Recuerdo esta ilustración que conservo en mis carpetas con especial cariño, la rescato y...¡ahí va! 
Forma parte del cuento Drina y Gor, que fue publicado por la Diputación en su colección 
"La osa mayor" el año 1999


El autor del cuento es Anastasio Fernández San José

21 mar 2011

Infografía 'En un solo día'



Ilustración para la revista del ICICOR
(Instituto de Ciencias del Corazón de Valladolid)
Marzo de 2011/ nº 4









1 dic 2010

Comer de forma cardiosaludable

Ilustración para la revista del ICICOR (Instituto de Ciencias del Corazón de Valladolid)

diciembre 2010 nº 3