11 abr. 2013

Ilustración~Revista "Corazonadas" ICICOR. Nº10





Las palabras del corazón
Los alumnos que acudían a una escuela de escritores decidieron que la palabra más bella en castellano era recordar. Procede del latín “cordis” y, si buscamos su etimología, quiere decir: volver a pasar por el corazón. Es una explicación generosa, porque nos sugiere que la memoria está en nuestro corazón y no en la mente. Hasta sus entrañas nos acercamos para hurgar y traer al presente a aquellos que partieron y que viven en nosotros. Recordar es algo así como despertar. De hecho, en algunas zonas rurales aún se puede escuchar “me recordé sudando”, refiriéndose a cuando alguien se despierta, intranquilo, a media noche.
Aún hoy, casi sin quererlo, determinamos nuestra vida por el estado de este órgano que, como el pensamiento, no descansa nunca. Se nos parte el corazón cuando estamos tristes; si algo nos conmueve, nos toca el corazón. También suponemos que el corazón del codicioso nunca tiene reposo, nadie duda de que el corazón que siempre ama permanezca joven, hacemos de tripas corazón cuando algo sale mal y estamos convencidos que las palabras del alma proceden del corazón.
No es extraño escuchar “me saltó el corazón” o “el corazón se me sale por la garganta”. No le falta razón a quien da este sentido saltador al corazón, debido a los esfuerzos que realizamos o las emociones que vivimos. Porque si los romanos llamaron al corazón “cordis”, fue porque se formó a partir del griego “kardia”. A su vez, el vocablo griego provenía de la raíz prehistórica indoeuropea “kerd”, que significa “saltar”.
Saltamos de kerd, kardia, cordis, corazón y alcanzamos cordial y concordia. Aunque nada mejor que finalizar con un acuerdo, porque arranca del corazón y significa armonía entre las partes .

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