18 feb. 2010

El anciano tejo Encio aconsejando a la ondina, guardiana del río Sil

Un río ahora de plata...


Habían pasado muchas estaciones. Cuando la distinguí intentando cercar con sus largos brazos el tronco del venerable Encio, comprobé que mantenía la belleza de antaño. Allí estaba la más poderosa sacerdotisa que nadó por las aguas de este riachuelo. Los años no habían mermado la divinidad que emanaba su rostro, aunque entreví que el dolor por el castigo impuesto le confería un aire de tristeza.

Contemplando su cuerpo grácil, recordé que quien haya escuchado de noche, en la soledad del monte, el fluir de las fuentes o el murmullo de los arroyos, al oír las oscuras y cantarinas voces de mujer que se mezclan con el sonido de las aguas, entenderá las viejas historias acerca de las ninfas que habitan en ellas.

(Texto extraído de un cuento de Paco Alcántara, aún sin título )


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