26 mar. 2013

Ilustración~Revista "Corazonadas" ICICOR. Nº9

DECISIONES MUY PERSONALES
Así, de súbito, le planteé al cardiólogo una pregunta inquietante, ¿con tantos cuidados personalizados, hasta donde se puede vivir?, porque tengo la sensación de que los  descubrimientos científicos no tienen límites; máxime, ahora, cuando se producen tantos avances en cómo retrasar el envejecimiento del cuerpo, inyectando células madre, o creando un corazón artificial. ¿Llegaremos a ser inmortales?
Mi médico dejó de mirar al ordenador y respondió: por el  bien de la humanidad, espero que no seamos capaces de  alargarla demasiado, el camino no es prolongar más la vida,  sino mejorar la calidad de vida de las personas. Salí de la consulta aturdido. Convencido de que nos han  enseñado a vivir, pero no a morir. La muerte continúa siendo  un asunto tabú.  Respiré hondo y recordé una pregunta que me costaba  responder, “si hubiese un hombre que no pudiese morir, si  fuera real la leyenda del judío errante, ¿cómo habríamos de titubear en declararlo el más infeliz de todos?”.
Mi mujer había tenido una vida plácida hasta que cayó  enferma. Ahora se encontraba en una cama, anclada a un  sin fin de sondas, tubos y cables. Llevaba en coma irreversible varios días.  Saqué de un cajón la carpeta donde aguardamos el documento de Últimas Voluntades. Juntos firmamos los papeles  hace tiempo. No queríamos que alargasen nuestra vida si padecíamos una enfermedad irreversible, que nos llevase a un  estado que nos impidiera expresarnos por nosotros mismos. Con el papel en la mano, me dirigí al hospital, abstraído con un solo pensamiento y una media sonrisa, convencido de que siempre me quedarían sus recuerdos.